Artículo publicado en la sección Ciencia del diario El Mundo el martes 22 de abril de 2014.

prensa5_01-los-monos-saben-sumar-webETOLOGÍA
Un experimento realizado durante tres años con macacos rhesus revela que estos primates son capaces de aprender a sumar, demostrando que no es una habilidad exclusiva de los seres humanos.

La mente matemática de los monos

TERESA GUERRERO / Madrid
Los monos macacos comparten con los seres humanos el 97,5% de sus genes, un porcentaje que baja al 93% si se comparan las secuencias de ADN en común. Un parecido genético bastante similar al que guardan humanos y chimpancés, que hace unos seis millones de años se separaron evolutivamente de nuestros ancestros, frente a los 25 millones de años transcurridos desde que los macacos siguieron una evolución distinta.

La secuenciación de sus genomas ha mostrado científicamente un parecido que etólogos y neurobiólogos comprueban día tras día en sus laboratorios con los variados y cada vez más complejos experimentos de comportamiento a los que someten a estos animales. Cuanto más se observan, más sorprendentes son los resultados, como los obtenidos por un nuevo estudio que muestra habilidades aritméticas de los macacos hasta ahora desconocidas. Anteriores investigaciones habían sugerido que las operaciones matemáticas no son exclusivas del hombre, sino resultado de los procesos evolutivos. Se comprobó, por ejemplo, que los macacos pueden aprender a contar, descartando así que la comprensión de conceptos numéricos dependa de la adquisición del lenguaje humano.

La nueva investigación, publicada esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), demostró que cuando son entrenados a largo plazo, estos monos son capaces de sumar cifras y realizar cálculos sencillos para estimar qué cantidades son mayores, pues elegir la cifra mayor suponía que su recompensa también lo era. «Diseñamos este experimento para explorar el papel del aprendizaje en la organización del cerebro. Ellos desarrollan regiones especializadas como hacemos nosotros en el lóbulo temporal», explica a EL MUNDO a través de un correo electrónico Margaret Livingstone, profesora de Neurobiología en la Facultad de Medicina de Harvard (EEUU).

El estudio se realizó con tres ejemplares adultos jóvenes de macacos rhesus (Macaca mulatta). Estos animales han protagonizado todo tipo de estudios de comportamiento animal, como un experimento que reveló que eran capaces de reconocer su imagen en un espejo, y hasta han participado en misiones espaciales de la NASA y la agencia rusa en los años 50 y 60.

Gotas de agua y zumo como recompensa
Tenían entre cuatro y cinco años cuando comenzó su intensivo proceso de aprendizaje, que se prolongó durante tres años y consistió en sesiones individuales de dos a cuatro horas diarias, los siete días por semana, con unos 500 ensayos por jornada. En vez de trocitos de plátano, debido a la gran cantidad de repeticiones que hacían la recompensa fue ofrecerles gotas de líquido, que eran dispensadas una a una y mediante un intervalo marcado con una señal acústica, a través de un tubo de acero inoxidable. «Primero usamos agua y después, cuando estaban saciados, zumo para que tuvieran una mayor motivación».

prensa5_02-los-monos-saben-sumar-web

Las clases se organizaron en diversas fases y los ejercicios se hacían con una pantalla táctil, en la que se presentaban dos opciones a los monos. Los animales se familiarizaron con los números (tendían a elegir el más alto cuando les presentaban dos) y les enseñaron también a asociar 26 símbolos abstractos con diferentes recompensas. Por ejemplo, un símbolo significaba 21 gotas y otro 19. Cuando se mostraban en la pantalla táctil dos símbolos, en el 90% de los casos tocaban el que les otorgaba mayor cantidad de gotas. Después, incorporaron al experimento parejas de símbolos, que mostraban en la pantalla como una opción frente a un símbolo individual o una pareja de un número+un símbolo. El número de gotas que recibían era la suma de las dos cantidades representadas por los símbolos y en la mayor parte de los ensayos, optaron por la opción más ventajosa. Por ejemplo, si debían elegir entre un único símbolo que representa ocho gotas y la pareja 6+1, optaban por el primero. En otro caso, por ejemplo, optó por la pareja de símbolos abstractos que equivalían a 9+13=22, en lugar del símbolo cuyo valor estaba asociado a 19 gotas.

Cuando las dos opciones suponían una recompensa equivalente (por ejemplo, el número 9 frente representaba a la pareja de números 3+6, los monos solían elegir la pareja).

Este tipo de experimentos con animales se han llevado a cabo en el pasado con otras especies. Ratas, palomas o ratones han mostrado ciertas habilidades aritméticas, aunque algunos científicos creen que simplemente aprendían las respuestas. En opinión de Livingstone, «los monos son más inteligentes». En su estudio, para evitar que los macacos memorizaran las respuestas, usó una gran cantidad de símbolos y combinaciones.

No es de extrañar que desde una facultad de Medicina se lleven a cabo este tipo de estudios con monos, pues el cerebro de estos parientes primates es una gran fuente de información para conocer mejor el nuestro. Livingstone, por su parte, ya tiene pensado su próximo experimento: «Queremos ver si pueden multiplicar», adelanta.

------------------------------------------------------------------------------------------

OPINIÓN La evolución del cerebro matemático
Aritmética primitiva

PABLO HERREROS
El Homo sapiens que habitaba el planeta Tierra 30.000 años atrás ya contaba haciendo muescas sobre cornamentas y huesos de reno o ciervo, pero fue la civilización sumeria la primera en crear unos símbolos que corresponden a diferentes cantidades. En la actualidad,todos los lenguajes del mundo cuentan con palabras para contar. Lo que nadie esperaba es que la capacidad necesaria para llevar a cabo operaciones aritméticas estuviera presente en animales tan diversos y alejados evolutivamente como son las aves y los primates.

Los animales y niños que aún no hablan necesitan hacerse una idea de las magnitudes que les rodean para poder sobrevivir. No es lo mismo tres caramelos que uno, como tampoco lo es enfrentarse a una comunidad de chimpancés de veinte individuos que a una que cuenta con diez. Esta capacidad numérica primitiva funciona a grandes rasgos aunque conlleva grandes restricciones. Además, escoger la opción con mayor cantidad genera dudas a los científicos porque pueden no ser matemáticas exactamente, sino sólo el resultado de una percepción global. ¿Entonces, realmente suman o restan los animales? Cuando se ofrecen varias bandejas con comida a los primates, en las cuales la comida está apilada de manera que la diferencia sólo se puede apreciar contando, eligen correctamente el 70% por ciento de las ocasiones, tanto en las sumas como en las restas.

Respecto a operaciones con símbolos, en la última década se ha demostrado que los macacos y las palomas pueden aprender reglas abstractas para usarlos, como sumar los números del 1 al 9 en orden, añadiendo uno al número anterior para llegar al siguiente, al igual que hacemos los humanos para contar. Los chimpancés también adivinan cuál es el número que falta de una cadena o secuencia del tipo: 1-2-4-5-6-7-8-9 o 2-3-4-5-6-7-8-9, en la que uno ha sido ocultado a propósito.

Por si fuera poco, las imágenes que muestran las resonancias magnéticas han desvelado que las regiones cerebrales que usamos los humanos para hacer representaciones numéricas están presentes en los primates no humanos también, lo que demuestra que existe una continuidad desde esa aproximación primitiva a las cantidades hasta las sofisticadas matemáticas actuales.

_____________
Pablo Herreros
es primatólogo y autor tanto del blog semanal Yo, mono en ELMUNDO.es como del libro del mismo título recién publicado por la Editorial Destino.