Artículo publicado en el diario El Mundo el martes 22 de abril de 2014.

OBITUARIO
La maestra que enseñaba matemáticas para la vida

prensa3_01-emma-castelnuovo-webLa maestra italiana Emma Castelnuovo, conocida por sus innovadores métodos de enseñanza de las matemáticas, ha fallecido a los cien años.

Revolucionó la docencia de las matemáticas y dio clases clandestinas durante el fascismo.

TERESA GUERRERO
Guardaba en un mueble del salón los cuadernos con las notas de todos los alumnos a los que dio clase durante cuatro décadas. Emma Castelnuovo, matemática y profesora de secundaria, los conservó durante toda su vida en su piso de Roma en el que falleció el pasado domingo a los cien años de edad. Hasta muy avanzados los 90, también los guardó en su memoria. Como a ella misma le gustaba destacar, no había más que mencionar el nombre de uno de sus estudiantes, con los que mantenía una estrecha relación, para que citara incluso el año en el que le dio clase.

prensa3_02-emma-castelnuovo-webEstaba dotada de una excelente memoria que se fue vaciando durante los últimos años de su larga vida, durante la que revolucionó la enseñanza de las matemáticas con sus innovadores métodos de enseñanza. Con tal perseverancia y entusiasmo llevó a cabo esta tarea que logró algo bastante insólito: que una profesora de secundaria se convirtiera en una persona influyente y admirada en Italia, a la que algunos responsables políticos consultaban a la hora de emprender sus reformas educativas.

Las matemáticas, que ella consideraba un lenguaje para todo, formaron parte de su vida desde que era una niña. Su padre, Guido Castelnuovo, y su tío, Federico Enriques, eran dos de los matemáticos más prestigiosos de Italia, lo que sin duda contribuyó a que Emma pudiera estudiar en la universidad en una época, los años 30, en los que no muchas mujeres tenían acceso a ella. En 1936 se licenció en la Universidad de Roma y dos años más tarde consiguió la plaza de profesora de secundaria de Matemáticas. Sin embargo el fascismo cortó sus alas y la desposeyó de su plaza por ser judía.

Comenzaron así los años más difíciles de su vida. En 1938 el Gobierno de Mussolini prohibió que los niños judíos asistieran a la escuela pública de modo que se crearon centros especiales para ellos. Castelnuovo comenzó su carrera enseñando matemáticas en estas escuelas. También dio clases clandestinas en diversos lugares bajo tres identidades distintas utilizando documentación prestada.

"Fue un periodo que hubiera deseado borrar de la memoria, pero tenemos la obligación de recordar, de dar a conocer a los jóvenes y a los menos jóvenes las vicisitudes que vivieron una parte de los italianos en los últimos años del fascismo. No debemos olvidar la Historia", afirmaba durante una de las conferencias en las que recordó la labor de los tres Guidos: su padre, Guido Castelnuovo, Guido Coen y Guido Bonzanigo, organizadores de la universidad clandestina. Gracias a ella muchos judíos que tuvieron vetado el acceso a la universidad pudieron continuar con sus estudios, que fueron convalidados posteriormente por un centro suizo.

Pese a ello, Castelnuovo siempre huyó del victimismo y, tras la liberación de Italia, enseguida se centró en su labor de profesora en el Liceo Tasso de Roma (por propio deseo siempre dio clase a alumnos de entre 11 y 14 años), y en la organización de conferencias y encuentros con otros maestros para promover los cambios en la enseñanza que rápidamente consideró necesarios.

"Siempre intentaba conectar las matemáticas con la realidad, las aplicaba para resolver problemas de la vida cotidiana. Partía de lo tangible, que era un término que ella utilizaba muchísimo, de lo concreto, para llegar a un planteamiento más abstracto", recuerda su amigo Francisco Martín Casalderrey, miembro de la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas.

Para Castelnuovo había que tocar para comprender, y por eso en sus clases empleaba todo tipo de objetos. Fomentaba la creatividad de sus alumnos, que no despegaban la mirada de sus manos, para que resolvieran problemas aportando sus propias soluciones. No sorprende pues la reacción que tuvo cuando el editor de sus libros de texto le pidió que incluyera en uno de sus manuales una sección con las soluciones a los problemas que planteaba, como le demandaban los maestros. Durante la fiesta homenaje que le organizaron por su 90 cumpleaños, el editor leyó la carta con la que le respondió una indignada Castelnuovo. Un problema, sostenía, es una cuestión abierta y el profesor debía encontrar distintas formas de resolverlo. Ofrecer las soluciones de antemano suponía matar la posibilidad de descubrir nuevas soluciones y abrir caminos nuevos.

Su legado ha quedado plasmado en numerosos manuales que se han utilizado durante décadas, como Geometría intuitiva, Didáctica Matemática, Matemáticas en la realidad o Emmatemática. Pero sobre todo ha servido para inspirar a un grupo de alumnos suyos que ha continuado y ampliado su labor a través de iniciativas como L'Officina matemática.

Castelnuovo, que no se casó ni tuvo hijos, acudía con frecuencia a otros países para participar en conferencias. Muy preocupada por las desigualdades sociales y por el medio ambiente, también colaboró en los años 70 en un programa para formar a profesores en Níger. Viajar era, además, una de sus pasiones.

Aunque se jubiló en 1979, siguió muy activa hasta los 98 años. Su frágil estado de salud en los últimos meses le impidió asistir a los numerosos homenajes celebrados para conmemorar su centenario, que sus amigos y discípulos volverán a rendirle a lo largo del mes de mayo.

Emma Castelnuovo nació en Roma el 12 de diciembre de 1913 y murió el 13 de abril de 2014 en la misma ciudad.